En un movimiento que alinea al país con las discusiones globales más avanzadas sobre la gobernanza digital, la ministra del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología, Gabriela Jiménez Ramírez, presentó oficialmente el “Código de Ética para el Desarrollo y Aplicación Responsable de la Inteligencia Artificial”. Este documento rector, elaborado por la Dirección General de Desarrollo y Aplicación de Inteligencia Artificial (DGDAIA), surge como una respuesta a la necesidad de establecer un marco regulatorio sólido que garantice que el vertiginoso avance de la IA se traduzca en beneficios tangibles para la humanidad y la naturaleza.
El nuevo código no es un esfuerzo aislado; se fundamenta en un extenso análisis del «estado del arte» y se enmarca en el consenso mundial. Al desarrollar estos lineamientos, Venezuela ha tomado como referencia principios y directrices de organismos internacionales de primer nivel, tales como la UNESCO, la Comisión Europea, la OCDE y la CAF, armonizando el desarrollo tecnológico nacional con valores universales como los derechos humanos, la equidad y la sostenibilidad.
A continuación, analizamos tres pilares fundamentales de este código que se equiparan directamente con las tendencias y exigencias regulatorias a nivel mundial.
1. Una Inteligencia Artificial Humanista: El centro es el ser humano
Siguiendo la tendencia de las «Directrices éticas para una IA fiable» de la Unión Europea y las recomendaciones de la UNESCO, el código venezolano establece como principio rector la IA Humanista. Esta visión estipula que la tecnología debe ser, ante todo, una herramienta al servicio de la humanidad, promoviendo el desarrollo humano y previniendo activamente cualquier forma de daño.
Este enfoque implica varios compromisos críticos que son tendencia en la gobernanza global:
- Respeto a la Autonomía: Los sistemas de IA deben empoderar a las personas para tomar decisiones informadas, evitando la manipulación, la coacción o la creación de dependencias ideológicas.
- Prevención del Daño: Se establece de forma taxativa que los sistemas no deben perjudicar la integridad física o mental de los seres humanos, minimizando riesgos como la vigilancia masiva o la manipulación emocional.
- Alineación con los Derechos Humanos: El desarrollo y la aplicación de la IA en el país deben estar subordinados a la libertad de expresión, la privacidad y la dignidad humana.
2. Responsabilidad Ambiental: Hacia una «IA Verde»
Uno de los puntos más innovadores y necesarios del código es la Responsabilidad Ambiental, un tema que ha cobrado urgencia en las agendas internacionales debido al alto costo energético de entrenar modelos masivos de IA. El código venezolano reconoce que, si bien la IA puede ser una aliada para monitorear ecosistemas y registros climáticos, su infraestructura tiene un impacto ecológico que no puede ignorarse.
Para alinearse con los límites planetarios, el código promueve:
- Eficiencia Energética: Se insta a la implementación de algoritmos optimizados y modelos de aprendizaje automático que requieran menos recursos computacionales.
- Gestión de Infraestructura: El documento advierte sobre las consecuencias de la extracción de tierras raras para hardware y el consumo masivo de agua para la refrigeración de centros de datos.
- Sustentabilidad: Se exige que todo actor en el ciclo de vida de la IA busque minimizar la huella ecológica, garantizando que el progreso actual no comprometa la capacidad de las generaciones futuras.
3. Transparencia, Rendición de Cuentas y Ciencia Abierta
En un mundo donde los algoritmos a menudo operan como «cajas negras» inescrutables, el código de ética venezolano enfatiza la Transparencia y la Explicabilidad, pilares que también defienden la OCDE y el reglamento de la UE. La tendencia mundial exige que las decisiones tomadas por una IA sean claras, comprensibles y, sobre todo, auditables.
El código destaca en este sentido:
- Control Humano: Se establece que la responsabilidad última por las acciones de un sistema autónomo debe recaer siempre en los seres humanos (desarrolladores o usuarios), quienes deben asumir las consecuencias de sus decisiones.
- Ciencia Abierta y Software Libre: En sintonía con las recomendaciones de la UNESCO de 2021, el código promueve que el conocimiento científico y las herramientas tecnológicas sean accesibles para todos. El uso de código abierto se considera esencial para democratizar la tecnología, evitar la concentración de poder y permitir la colaboración global en la mejora de algoritmos.
- Contraloría Social: Se invita a la población a participar en la supervisión y evaluación de estos sistemas, asegurando que sirvan al bien común y respeten los principios democráticos.
Un marco legal en construcción
La publicación de este código es solo una pieza de un rompecabezas más grande. En Venezuela, este esfuerzo se complementa con leyes existentes como la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación y la Ley de Infogobierno. Además, el pasado 19 de noviembre de 2024, la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión el proyecto de Ley de Inteligencia Artificial, lo que refuerza institucionalmente estos principios éticos.
La ministra Gabriela Jiménez ha extendido una invitación abierta a investigadores, estudiantes y comunidades para que descarguen el documento y lo incorporen en sus procesos de creación. «Para nuestro presidente Nicolás Maduro Moros, es de vital importancia que el avance tecnológico esté siempre subordinado a la vida», afirmó la ministra, subrayando que este código busca consolidar un modelo tecnológico soberano, justo e inclusivo.
Con este paso, el país no solo busca regular una tecnología disruptiva, sino también fomentar una cultura de excelencia donde el talento nacional compita bajo los más altos estándares éticos y científicos a nivel mundial. El futuro de la IA en Venezuela se proyecta así: innovador en lo técnico, pero profundamente humano y responsable en lo ético

